Mª del Águila Romero: Bodas de plata celestiales

En este año que se acaba, cumplimos un grupo de compañeros las Bodas de Plata en la Profesión. Llevabámos hablándolo mucho tiempo, y lo celebraríamos todos juntos. Pero la muerte a veces, no se sabe por qué anda tan deprisa. Y Mª del Águila Romero, fuerte y luchadora hasta el final, no pudo con ella.

Su familia, tan queridísima para mí y los míos, y los que estábamos dentro del círculo de amigos, pedíamos en los silencios una tregua a la muerte. Pero la inescrutable voluntad divina, que todo lo gobierna, había dispuesto las cosas de otro modo, con mucha prisa, con la mayor rapidez que empuja la amargura. Después de grandes esfuerzos de dolor, entró en el sueño que no acaba, rodeado de todos sus seres queridos.

Todo quedó en lo humano, roto y frío, y hecho recuerdo en las miradas de sus padres, hermanos, su marido y sus hijos. Nos dejó una mujer invalorable, buena madre, buena hija, buena esposa, buena hermana… y buena amiga. Los que tuvimos la suerte de tratarla, sabemos de su constante sonrisa, de su amabilidad, de su sencillez, en definitiva de su ternura.

Murió, aunque no del todo. Leí, una vez, un soneto del poeta José Luis Tejada donde se le preguntaba por la muerte, y él decía que “quién la había visto alguna vez”, negándole así a la muerte toda posibilidad de existencia. Es como una certeza intocable. De pronto, en cualquier lugar del mundo, inmenso o pequeño, aparece la totalidad de la vida que se creyó perdida.

En esta celebración, la hemos tenido presente, su hueco estaba allí, pero su espíritu alegre, generoso y sencillo, nos acompañaba. No es fácil dar con personas de tanta finura de entendimiento como la que Mª del Águila había recibido de Dios, siempre con buen talante, cordial y alegre. De alguna manera hemos sido conscientes de que ella también, desde arriba, celebraba sus Bodas de Plata, porque ha cambiado su “residencia terrenal”, por la eterna habitación de los cielos.

Desde aquí, brindemos por ella, en la certeza de que los suyos se verán influidos de esa nobleza de espíritu y alegría que siempre la acompañó, reflejo de la Virgen, su Virgen del Águila, modelo de humildad y sencillez plena.

Purificación Montero-Galvache. Abogada.

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