Ciclistas de Víctimas a Verdugos

Desconozco el tiempo que nuestros dirigentes han empleado en plantearse todos y cada uno de los problemas, jurídicos y de uso, que puede conllevar la implantación por toda la ciudad de un carril-bici. Desconozco siquiera si se los han planteado o han buscado asesoramiento o cuando menos la opinión de especialistas en tráfico, señalizaciones, normativa de la circulación, posibles consecuencias lesivas, o han visitado otras ciudades europeas para comprobar in situ qué problemas tuvieron y cómo los han resuelto.

La impresión que personalmente voy sacando día a día, según avanzan las obras de dicho carril y, por tanto, su uso, es que nada de esto se ha planteado o previsto y se ha querido ser Suiza de la noche a la mañana sin estar preparados de verdad.

Los ciclistas, ciertamente, eran hasta hace poco las víctimas porque se jugaban la vida en la calzada, precisamente por eso, porque como decía esto todavía, querámoslo o no, no es Suiza, y no estamos acostumbrados, los conductores, a aguantar a los que ralentizan u obstaculizan nuestra marcha en coche, a los que pitamos sin piedad o adelantamos temerariamente y a toda velocidad cuando nos dejan el hueco como modo de decirles “ ya era hora, aparta “; no estamos acostumbrados a tener respecto por los demás, sean ciclistas o peatones, ni estamos acostumbrados a contar con la presencia de las bicicletas por su escasa presencia, ni a respetar las normas de la circulación con la rigurosidad con que las respetan otros ciudadanos, digamos que, “ más acostumbrados “ o “ mejor educados en normas viales “ que nosotros, por no usar un calificativo peyorativo contra nosotros mismos que pueda herir falsas sensibilidades europeístas.

Con el carril-bici, implantado en nuestro territorio de peatones sin piedad, sin regulación, sin previsión, sin regulación jurídica y por tanto sin seguridad, el ciclista ha pasado de víctima a verdugo y la situación ha cambiado o va a cambiar de forma tan rotunda que va a tener consecuencias en las que parece que nadie ha pensado y que irán apareciendo poco a poco por los Juzgados.

Así, por ejemplo, me planteo los siguientes interrogantes sobre supuestos que ya he podido presenciar:

¿ Por qué si los ciclistas son protegidos de los vehículos mediante separaciones, no se protegen a los peatones con el mismo medio cuando los carriles van ahora sobre nuestras aceras?

¿Son ajenos esos carriles de circulación a la Ley y Reglamento de circulación?

¿Por qué no se les exige a los usuarios de esos medios de transporte, ahora más que nunca susceptibles de causar daños físicos y materiales, un seguro de responsabilidad civil, cuando no son más que previsibles graves lesiones a ancianos o niños que, despistados o no, en su derecho o no, van a atraverse a pisar el carril verde?

¿Por qué no están marcados debidamente, con señales viales, dichos carriles, de modo que podamos cruzarlos mediante los oportunos pasos de cebra, que no existen, o con limitaciones de velocidad, que no existe, o con señales de preferencia, que no tienen, o con semáforos, que tampoco tienen?

¿Intervendrá la Policía Local en caso de atropello a peatones?. ¿Levantará Atestado?

¿Serán multados los ciclistas por las numerosas infracciones que, como consecuencia de la ausencia de señalización y vía libre que se les está dando, van a cometer con toda seguridad?

¿Por qué no se les exige placa de matrícula de modo que en caso de daños y huida, puedan ser identificados?.

Me da la impresión de que nada de esto ha sido ni siquiera imaginado por las autoridades, para quienes lejos de plantearse que la tortilla se ha invertido para perjuicio y riesgo de los peatones, han primado razones electorales o de adelantada modernidad para la que no estamos preparados ni legal ni cívicamente.

Las normas de circulación no van con los que usan esos carriles y lo he podido comprobar ya en más de una ocasión, no sé aún si porque las desconocen o porque consideran que al ir por las aceras son ajenos a dichas normas.

El civismo tampoco va con ellos. Timbres exigiendo que nos detengamos para que pasen, o pidiendo vía libre cuando el semáforo que regula la circulación de vehículos está en rojo; aspavientos o “ este es el carril bici “ a voz en grito a quienes osan atravesarlos por donde buenamente pueden o, simplemente despistados. Expresiones como “ otra “ a una señora que andaba por ese carril a la que se le dijo a continuación, cuando preguntó que qué pasaba, que “¡ este es mi carril ¡ “, continuando con posterioridad la ciclista por la acera y en dirección prohibida, y así innumerables supuestos.

Creo personalmente que el error es de concepto de uso, más que de falta de previsión normativa respecto al mismo. El tan criticado carril, con independencia de que nos guste o no en algunos tramos su diseño por haber comido prácticamente el acerado existente, cuando es mayoritario el uso peatonal frente al ciclista, no ha sido hecho para dar vía libre a éstos de modo que sean ajenos a toda norma o al peligro que causen. El carril-bici, en mi opinión, ha sido ejecutado para proteger al ciclista de los vehículos, para facilitar la circulación de nuestras calles al reducir el número de coches, para hacer más respirable nuestro aire, pero nada más. El ciclista que va por la acera, con carril verde o sin él, no es más que un peatón con pedales y, como tal, debe comportarse.

Si pretenden otra cosa, deberán someterse a las normas de la circulación y, entre otras, deberán tener como mínimo placa de matrícula y seguro de responsabilidad civil.

Se ha dicho siempre que la sociedad avanza antes o a mayor velocidad que el legislador. Mucho trabajo queda a partir de ahora hasta que los usuarios de las bicicletas asimilen este concepto y aprendan a convivir con sus nuevos compañeros de calzada, nosotros, las víctimas.

Y mucho trabajo viene por delante para abogados y jueces y, si no, al tiempo.

Pedro Arnaiz García

Author: Pedro Arnaiz García

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