V Centenario de la Universidad Hispalense

En la página dedicada a Historia, en el Diario de Sevilla, del día 25, p.p. pasado mes de abril, sobre el reportaje que hizo D. Felipe Villegas, titulado: Galones que sentaron cátedra, junto a dos amplias fotografías, que representaban a un grupo de personajes de la época, aparece una crítica al que fuera Rector de la Universidad, Don Mariano Mota Salado, la cual refiere entre otras cosas, a que su nombre figura en un colegio en San Jerónimo. De tal modo puesto de manifiesto que resulta una ignorancia reinante sobre lo que acontenció en aquellos revueltos conflictos sociales. A tenor de la evidencia histórica de los hechos y al objeto de imprimir a éstos, un rigor veraz y objetivo, considero tendenciosa la versión parcial extendida por la prensa en cuestión.

Todo ello motivado por una tesis de Joan Claret en la Universidad de Pompeu Fabra de Barcelona, con motivo del V Centenario de la Universidad Hispalense. «…Resulta de contrastada norma reguladora del Derecho Internacional historiográfico, aquella responsabilidad atribuible a la conciencia colectiva de los pueblos sobre hechos de guerra…».

Anteriormente el 7 de diciembre del pasado año, el diario El Mundo en su hoja para Andalucía, sacó a colación la tesis doctoral a que se refieren los hechos, de los cuales remití un escrito de protesta al Señor rector de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona; de cuyo traslado fue informado el rector de la Universidad Hispalense y asimismo al Comisario del V Centenario de la Universidad. Protesta que obligué a publicar en ese mismo diario El Mundo, del día 17 de diciembre de 2004. Apareciendo mi escrito en defensa del ex Rector Mota Salado.

Reitero que el presente alegato obedece a la respuesta del sentido de la verdad y contraponer de éste modo la capciosa tergiversación reflejada en la mencionada tesis doctoral, en la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, cuya autoría recae en Don Jaume Claret. Habiendo observado una serie de injurias aliñadas por otras espúreas afirmaciones demagógicas, no puedo, por menos, que salir al paso y defender a un hombre que fue de talla inconmensurable y actitud cabal. En este sentido, no corresponde calificar a esta persona intachable y de genuína bonhomía, con tamañas insinuaciones. Al que fue rector Don Mariano Mota Salado, lo conocí de manera cotidiana y con muy fuertes lazos afectivos; por haberle prestado servicio como chófer adscrito al PMM. Debo comunicar una rotunda disconformidad con las versiones que se hacen y mucho menos registrarlas en una tesis doctoral, por cuanto Don Mariano Mota Salado, el día 18 de julio de 1936, ya tenía cumplidos en el mes de mayo, 69 años y por tanto sólo esperaba su jubilación; pues le faltaban meses para cumplir 70 años de edad. Así pues no figuraba en su ánimo aceptar cargo alguno en aquéllos momentos tan difíciles y arriesgados. Pero al ser destituido Don Francisco Candil Calvo, a la sazón rector en ese periodo, hubo una serie de negociaciones cuya duración se prolongó hasta 27 días. En primer lugar le ofrecieron para su ayuda a un Vice-rector, para ayudarle en las tareas. Se llegó a un pacto con Don Mariano Mota a través del cual quedaba excluido cualquier acto de persecución universitaria. El 14 de agosto de 1936, en un sencillo acto, Don Francisco Candil Calvo entrega al Rectorado a Don Mariano Mota Salado. Fueron todos los Decanos y profesores quiénes refrendaron esta toma de posesión por parte del mencionado nuevo Rector de la Hispalense, gracias a su prestigio, tanto en su menester profesional como de igual modo a sus excelentes cualidades humanas demostradas en su anterior cargo de Decano de la Facultad de Ciencias.

Don Mariano intercedió a favor de innumerables compañeros, como por ejemplo: Don Manuel Giménez Fernández, ex-ministro de la República, a quien el rector Don Mariano le recomendó no salir de su chalet en Chipiona. Igualmente procedió con el ex-Rector Don Ramón Carande Tovar, en excedencia y recluido en su finca de Extremadura; asimismo logró que el ex-Rector Don Francisco Candil Calvo obtuviera un salvoconducto para asegurar su integridad física, en Priego de Córdoba, localidad de nacimiento. Otrora, igual suerte ocurrió a Don Pedro Castro Barea y Don Ángel Bozal Pérez, los cuales estuvieron refugiados en sus viviendas de Sevilla.

Debido a que otros universitarios no tuvieron la misma fortuna, Don Mariano Mota que deseaba poner honra a su palabra, y ante la impotencia de dar cumplida su promesa, presentó el día 24 de mayo de 1937, al cumplir 70 años, un escrito al General Queipo de Llano en el que solicitaba su jubilación. Ésta le fue aceptada en su condición de catedrático, pero no en cuanto a su valía como cargo de Rector. A la formulación de ese cambio, el General Queipo de Llano, una vez consultado con los Decanos, lejos de consentir la jubilación, no sólo admite su legítima aspiración, sino que aparte de concederle un merecido derecho “jubiloso”, el Ministro de Educación Nacional lo nombró rector vitalicio y así hasta su muerte que fue en acto de servicio a los 84 años, (nada menos que 14 años de Rector, hasta 1951). Su muerte fue como consecuencia de un Ictus apoplético, al intentar poner orden durante un enfrentamiento en el patio principal de la Universidad, entre estudiantes del S.E.U y Tradicionalistas; por cuyo motivo al verse envuelto en el citado altercado, recibió un golpe fortuito del cual resultó su caída. A consecuencia de las cuales falleció al día siguiente, ocho de febrero de 1951.

Don Mariano era un hombre bueno, Hermano de la Santa Caridad y Diputado asistencial de San Vicente de Paul; por tanto dedicaba todas las tardes a visitar pobres y enfermos; llegando incluso a ocupar en su horario matinal debido a su fama de bueno, largos periodos en atender las demandas de los necesitados. (No podrá alegarse animadversión, a estas sus misiones caritativas, por cuanto en la actualidad la ejercitan las ONGs y los ejércitos en misiones humanitarias y pacíficas). En suma era un hombre bueno, científico, apolítico e incansable investigador del Área de Ciencias Químicas, con innumerables trabajos, pero tuvo que acceder al Rectorado por imperativo militar, afrontando sus justas pretensiones. Esta fue la suerte que tuvo nuestra Universidad con Don Mariano, no así la de Granada y Oviedo, en la que sus rectores fueron fusilados.

Mientras estuvo de Rector, fueron miles de personas, a las que dio protección; algunas salvándolas de la represión, a otras entregándoles cartas de recomendación para trabajar. Y ya por último ofreciendo donativos a los impedidos como consecuencia de su situación. Aunque él era un modesto funcionario, murió pobre; pero rico en espíritu. De tal modo que pasa por ser el único rector enterrado en el panteón de hombres ilustres en la Iglesia del antiguo edificio de la Universidad, ubicada por entonces en la calle Laraña.

Y muchas cosas más, recogidas en mi libro sobre Experiencias sociológicas y jurídicas, en la Universidad Hispalense, presentando el 14 de mayo de 1998 en el Ateneo Hispalense, no sin antes haberse producido un polémico comunicado de prensa por parte del Aula de Cultura correspondiente a la Facultad de Derecho de la citada Universidad, censurando el enunciado de éste libro.

Ahora que está de moda sacar los trapos sucios, diré que siendo chófer funcionario civil del PMM, el 1º de mayo del año 1969, cuando se empezaba a celebrar la Fiesta del Trabajo, hice unas manifestaciones de críticas al PMM (cuyas siglas responden al significado de Parque Movil Ministerio). No existía entonces libertad de expresión. Por cuyo motivo fui expedientado y elevado a trámite, de orden del Teniente Coronel Jefe, y como consecuencia se me trasladó forzoso a Barcelona, (a pesar de haber presentado un acta notarial elaborada por Don Juan Vivancos sobre la verdad de lo acontencido) dejando esposa y tres hijos pequeños. Por todo lo cual, tengo el orgullo y la certeza de defender al Rector Don Mariano Mota Salado.

Ahora al publicarse el texto conmemorativo sobre los 500 años de historia de la Universidad Hispalense, a través de la lectura en lo concerniente a la historia contemporánea, que existen ausencias notables contenidos alusivos a la comprensiva historicidad de nuestra Universidad.

Han faltado muchos momentos y periodos relativos al curso histórico; así mismo, instantáneas tanto de contenido impreso como documental gráfico sobre la verdadera vida universitaria contemporánea; desde la 364 a la 399, yo hubiese escrito más de un centenar de páginas. Al único Rector fallecido en acto de servicio, después de serlo durante 14 largos años, sólo se le dedica cinco renglones en la página 378 y dice así: «1951, sería un año triste para la Universidad, pues tras catorce largos años, al frente de la misma, el rector Don Mariano Mota Salado, muy apreciado por sus compañeros, estudiantes, subalternos y demás personal de la Universidad.» No ha habido ni tan siquiera, un ápice de sensibilidad para un huecograbado del cuadro que se encuentra en el Rectorado, del que también omiten entre otros, el de Hernández Díaz y otros muchos más, como por ejemplo Pérez Royo.

Hay que tener en cuenta que no sólo traté a cinco Rectores, como chófer que fui de ellos, sino que también como funcionario de la Universidad en los años 1984 se me eligió miembro del Claustro Constituyente y pasaron muchas cosas relevantes en la época del rector Infante Macías, del cual también falta la foto; asimismo como estudiante de doctorado he participado con mi voto en las últimas elecciones a rector.

Con mi entero afecto te saluda atentamente.

Author: Antonio Fernández Pérez

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