Hijos maltratadores

Los conflictos que se originan en los hogares hasta hace un tiempo eran tratados como eso mismo “conflictos familiares” sin que nadie, ajeno al mismo pudiera opinar o interferir en ellos. Pero la sociedad ha ido evolucionando y con ello también y por desgracia la modalidad de cometer delitos dentro del entorno familiar, les hablo de los delitos de violencia doméstica, término que no es lo mismo que violencia de género, pues éste trata de la violencia que solo puede ser ejercida por una pareja o ex pareja siempre hombre hacia una mujer, con la que haya tenido o tenga un tenga una relación sentimental. Mientras que la violencia doméstica, es la violencia que se ejerce entre los miembros de una misma familia, ya sea el padre con los hijos, madres con hijos, o hijos con padres, abuelos, hermanos… y es aquí donde me voy a centrar.

El maltrato que se ejerce por parte de los menores, refiriéndome a la edad de 14 a 17 años, hacia sus progenitores cada vez se produce con más frecuencia, aunque el mismo comportamiento puede ser dirigido por ejemplo a hermanos o abuelos, me voy a centrar en la figura parental. Y es que la realidad es que desde hace un tiempo hasta la actualidad, son muchos los padres que se ven obligados a denunciar a sus hijos debido al maltrato al que son sometidos de manera constante y, podría decir diaria, implicando ello el tener que acudir a los juzgados de menores, para que sea la justicia la que le imponga a estos delincuentes primarios unas medidas de corrección con la única finalidad de aprender a convivir en familia y en sociedad.

Pero ¿Por qué los menores actúan así? Tenemos que diferenciar por un lado los factores que le influyen a ello, y por otro los distintos tipos de menores que actúan de forma agresiva. Porque tenemos que añadir que un menor no nace con un comportamiento agresivo, sino que éste mismo es el resultado de un proceso continuado en el tiempo.

En primer lugar puede deberse a numeroso factores, y tratarse en familias de distintos estatus sociales, no tiene un modelo familiar concreto, pero sí que contribuye y mucho, las amistades de los menores, su entorno social, la poca vigilancia o control de los padres en ello, puede provocar que desconozcan con que clases de iguales se juntan su hijos saliendo del hogar familiar, este factor es muy importante, porque, en las edades comprendidas entre los 14-17 años los menores no son todavía totalmente conscientes del peligro, de las amistades conflictivas, dejándose llevar por actitudes o comportamientos del grupo para “quedar bien” delante de ellos, mostrando también a menudo cambios en la personalidad, y de carácter, influyendo, todo ello también en el rendimiento escolar, pues es muy característico de estos menores el bajo rendimiento en la escuela y en los estudios, abandonando el colegio cuando la educación ya no es obligatoria. Las amistades son muy importantes y marcarán en los menores un pilar importante en la vida, por ello el que los adultos conozcan su círculo de amistades, contribuirá a que vayan creciendo en principios y valores.

Otro factor que colabora en la mayoría de los comportamientos conflictivos de los menores es la sociedad, nacidos o mejor dicho, criados en una sociedad materialista y consumista, todos sus deseos se convierten en órdenes, actuando los padres conforme a ello, para que de esta manera el menor no estalle montando un “espectáculo” allá donde se encuentre. Este pasotismo y consentimiento del menor, por parte de los padres conlleva a que el niño se conciencie que de esta forma va a conseguir lo que quiera y lo más importante, cuando él quiera. Solamente en el momento en que sus mandamientos no sean cumplidos, se generará en él, una furia que finalizara en actos violentos llegando a insultar, lanzar objetos o hasta golpear a algún familiar, creando el lógico temor en ellos, y un ambiente de constante pánico a desobedecer las órdenes de su hijo. Ante esto muchos padres deciden denunciar a sus propios hijos, viéndose fracasados en muchos casos, en la batalla de su propia educación, las cifras de denuncias van ascendiendo, y es que desde hace varios años han aumentado de manera muy considerable, aunque solamente cuando la situación familiar se hace verdaderamente insostenible creando el menor un clima de terror, es solo llegado a este límite cuando deciden poner el asunto en la justicia.

Pero sin embargo, no son estas las únicas causas que lleva a que los menores actúen de tal manera, sino que también influyen y mucho, el ambiente familiar, así como familias desestructuradas y problemáticas, divorcios conflictivos, ausencia de padre o madre, fallecimiento de un ser querido, que el menor haya presenciado malos tratos, que haya sido abusado sexualmente por algún familiar… son, algunos de los motivos, que de manera ajena al menor ha tenido que vivir, y ello le haya producido volver a reorganizar su vida, siendo en muchas ocasiones imposibles y haciendo pagar por su frustración las personas de su entorno.

Pero dejando a un lado los factores, que como hemos visto son muchos y muy variados, la mayoría de estos comportamientos se asemeja a la figura del menor “caprichoso” y familias permisivas, con independencia de los recursos económicos que tengan, aunque no ocurre en todos los sucesos, como más adelante comentare. Hablamos entonces del conocido Síndrome del Niño Emperador, se trata de un trastorno que sufren muchos menores caracterizado por el desarrollo en el niño de comportamientos violentos tales como, gritar, insultar, golpear, amenazar… estos niños logran controlar a sus progenitores incumpliendo las normas o límites establecidos por ellos, y estallando cuando no consiguen sus fines. Sin lugar a dudas, los padres participan muy activamente en que los niños desde pequeños vayan desarrollando este síndrome en el hogar, al no establecer unas directrices de educación y respeto hacia los miembros del mismo.

Generalmente hablamos de niños que son muy conflictivos y problemáticos tanto dentro del domicilio familiar como en la calle o en la escuela, que carecen de normas de conducta, siendo incapaces de aceptar límites en sus comportamientos.

Mientras que muchos padres piensan que se trata de un simple conflicto familiar, el menor va fortaleciendo los cimientos del síndrome, desconociendo por completo lo peor de este comportamiento, sino se pone límites y se reeduca, puede terminar derivando en un adulto agresivo con su pareja. Pues se ha sabido que son muchos los hombres maltratadores que tuvieron una infancia dura, y problemática con asuntos judiciales, mostrando una imagen agresiva desde la juventud.

Aunque no lo he mencionado con anterioridad, este comportamiento también se puede dar en niñas, aunque con menor porcentaje, las causas son las mismas que para los niños.

Podemos mencionar como prototipo de menores en los que se realiza estos comportamientos:

Los menores abandonados, desentendiéndose por completo de ellos cualquier familiar, teniendo que vivir en centros de acogida, o con otras familias.

Menores conflictivos o violentos acostumbrados a conseguir todo lo que quieren mediante la violencia física o psicológica, atemorizando a sus padres con cualquier comportamiento.

Y menores que no aceptan limitaciones o normas, que son como hemos explicado anteriormente mediante el Sindrome del Niño Emperador, incluyendo en ellos, y no en todos los casos, comportamientos violentos.

La mayoría de los sujetos pasivos en todas estas acciones de los menores, se centra en la figura de la madre, es ella, la que recibe más maltrato psicológico que el padre del menor, a menudo les suelen recriminar de su mala vida, de sus frustraciones, sintiéndose estas un sujeto débil en el hogar. En algunos casos, la autoridad que puede un padre mostrar ante el menor conlleva a que éste no realice el mismo comportamiento que con su madre, en otros casos, aunque menos comunes, sus acciones van dirigidas a ambos.

También hay que señalar que la crisis económica, y las situaciones de desempleo, en muchos hogares, hacen que los adultos se despreocupen de ellos, teniendo como prioridades el encontrar trabajo, el llegar a finales de mes, el poder comprar comida…todo ello hace que aumente la marginalidad y exclusión de numerosas familias, y con ello también las de sus hijos.

Pero, ¿Qué podemos hacer ante ello? En primer lugar marcar desde pequeño unas normas adecuadas a la edad del menor, que exista respeto entre los miembros de la familia, así como saber decir que no, a muchas peticiones del menor, porque lo que no podemos obviar de que el menor es lo que es menor, y no entiende en algunas ocasiones el alcance de sus peticiones, pero los adultos si, por ello no podemos caer en una dinámica de sumisión, sino que de vez en cuando decir que no a sus deseos, marcando unos límites basados en el respeto y la igualdad, puede ayudarnos a solucionar problemas futuros. De todos modos, si ya se ha creado este ambiente de conflicto en el domicilio, cuanto antes se combata mejor, mediante la ayuda de profesionales, el menor puede ser reeducado en valores de igualdad y respeto, de esta forma saber convivir en familia y en sociedad.

Leticia Rodríguez López

Author: Leticia Rodríguez López

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