Genética y Abogados

Todos sabemos que la célula es la unidad más simple de la materia viviente. Su descubidor (Hooke, Siglo XVII) le dió este nombre, recordando la configuración de los paneles de las abejas. En el interior de la célula, está el núcleo, y dentro del núcleo, los genes. Estos descubrimientos no se han hecho de una vez, sino al cabo de siglos y con la ayuda del microscopio electrónico, actualmente.

El sexo, la resistencia a las enfermedades, están determinados por los genes. Estos forman las proteínas necesarias para el desarrollo del organismo. Un conjunto de células iguales, la masa celular, forma los tejidos, todos sellados con el mismo ADN.

El ADN (inicial de ácido dexosirribonucléico) permite la identificación, pues está en todos los tejidos, con mucha más seguridad que las huellas dactilares, que han sido durante más de un siglo, el medio más perfecto.

El genoma humano, tiene tres mil millones de letras. Cada ADN es una combinación diferente (sólo los gemelos los tienen iguales). Es tan incalculable el número de combinaciones posibles, que únicamente potentes ordenadores pueden realizarlas.

La vida humana, nace en el momento de la fecundación: el espermatozoide (masculino) se encuentra con el óvulo (femenino). Nace una vida distinta de los progenitores. Con un ADN diferente para cada individuo, que persistirá mientras haya restos del mismo. Los hemos visto al cotejar los restos de Colón, con los de sus descendientes actuales.

En el ADN se contienen las características del ser, que se transmiten de generación en generación, sin cambios. Todas las células de ese organismo, poseerán la misma información genética, independientemente del tejido de que forme parte (sangre, huesos, piel, etc). Cada gen, puede configurarse como un fragmento del ADN. En principio, permanece invariable. Dawkins habló del gen “egoísta”. Sin embargo, hay mutaciones genéticas, unas veces por fallos de la naturaleza (que los hay) otras por acción de un agente exterior excesivamente potente (Rayos X, Ultravioleta, etc) y en tales casos, el gen se envilece, es decir se modifica hacia peor.

Gricj y Watson en 1953, descubren la estructura de doble hélice del ADN (en tejidos, pelos, uñas…) que explica la transmisión genética originando seres semejantes. En cada hélice se origina una molécula híbrida. Los genes están ahí y se desarrollan en un sentido u otro en cada caso, unas veces, al cabo de siglos; otras, en pocas generaciones, depende de muchas circunstancias. Una jirafa, por ejemplo, no posee genes especiales para tener el cuello largo, sino que éstos se activan (se expresan, dicen los científicos) para que lo tenga cuando lo necesite la especie. Díficil de entender, la verdad.

Para Darwin, no sólo juega la selección natural, eliminando a los débiles, cosa que se justifica perfectamente, sino que hay también una selección sexual. Los mejor dotados, tienden a aparearse. El macho ostentoso, bien adornado, es preferido ¿se enamoran? ¿las hembras esperan, mejor descendencia de él? ¿son cosas del instinto? ¿Y cómo se traducen esos gestos?

Después se ha descifrado el genoma humano. Es curioso que entre el de un hombre y un ratón hay pocas diferencias. El mismo gen, nos permite hablar a nosotros y cantar a los pájaros se llama el FOXP2. En las explicaciones de hoy, el gen se desarrolla de forma distinta. De igual modo que para escribir dos libros diferentes, utilizamos las mismas letras, y aún las mismas palabras, pero el orden y el sentido, los hace desiguales. Eso, por ahora…

Algunos dicen que las primitivas formas de vida pudieron ser VIRUS en estado libre, simples seres formados por combinaciones químicas accidentales, que pudieron multiplicarse y reunirse en un complejo sistema llamado protoplasma, que posteriormente generaría formas pluricelulares de vida, mucho más perfectas. Si todo esto es hipotético en el pensamiento y alejadísimo en el tiempo, si todo ello se hace por sí sólo, o hay un plan impulsor, por ahora, no nos lo dice la ciencia.

Por lo que a la evolución humana respecta, el homo antecesor pudo ser el ancestro de los seres humanos actuales de una parte, y del Neanderthal, por otra. No hubo concesión ordenada entre unos y otros. Parece que Cromagnon y Neanderthal convivieron lo menos durante doscientos mil años. Si perduró el Homo Sapiens, es porque tuvo un comportamiento más adecuado; según los datos del ADN mitocondrial, reemplazó a otras formas de homínidos existentes. Quizás por ello prevaleció el que mejor supo dominar el medio. Es falsa esa imagen que ha ilustrado tantos libros de texto, que comienzan con un mono peludo, que se va alzando y embelleciendo hasta llegar al hombre actual.

SI miramos el mapa de África, aparecen vestigios de homínidos en cincuenta o sesenta puntos diferentes, con sensibles variantes. Cuando los científicos reconstruyen una imagen humana o humanoide completa a base de un dedo o una mandíbula, resultan diferentes en cuanto a estatura, dentición y habilidades. Es inútil polemizar en antigüedad, cuando hablamos de un millón de años. Cada uno quiere que su fósil sea el “eslabón perdido”. No se ponen de acuerdo. Esta diversidad es propia de la investigación. Aún queda mucho por ver. Paciencia. La Paciencia es la madre de la Ciencia.

Author: Vicente Romero Muñoz

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