Carta abierta a José María Sánchez Rodríguez, un buen Abogado

El 4 de agosto de este año falleció mi tío José María Sánchez Rodríguez a la edad de 74 años, abogado de profesión y padrino de mi jura.

Aunque yo no estaba allí por razones obvias, creo que mi tío ya nació abogado, creció siendo abogado y, como no podía ser de otra manera, una vez hubo terminado la carrera de Derecho acabó colegiándose en el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla el día 8 de mayo de 1.969, con el número 2.906. Cierto es que después de muchos años ejerciendo, siendo muy conocido y considerado por el Foro, dejó la profesión porque la vida lo llevó por unos derroteros distintos, historia que ahora no viene al caso, pero aun siendo así, estuviera donde estuviera, se relacionara con quien se relacionara, y trabajara en el lugar que trabajara, se manejaba como abogado, parecería que la abogacía la llevaba en la sangre y, finalmente, y de eso pueden dar buena cuenta mi tía y mis primos, murió también como abogado, ellos saben a que me refiero.

No soy quién para describir a mi tío, pero si me lo preguntaran diría que era una buena persona, honrado como él solo, trabajador como nadie, íntegro hasta sus últimas consecuencias, fiel a sus principios; la seriedad bien entendida regía su carácter, en su vocabulario no existía la palabra traición y, por encima de todas las cosas, era un buen abogado, amaba su profesión y eso se transmitía por cada poro de su cuerpo.

Mi tío, al menos conmigo, no era una persona cariñosa; supongo que no sabía expresar ni transmitir sus sentimientos pero, aunque nunca me lo dijera, yo estoy seguro de que se encontraba muy orgulloso de su sobrino, único en la familia que había seguido sus pasos, y con ese conocimiento a mí siempre me bastó.

Lo único que las personas que lo queríamos podríamos achacarle es no haber sabido disfrutar en los últimos momentos de su vida de todo lo bueno que tenía: el miedo a su propia muerte agarrotó sus sentidos en la dura enfermedad que le tocó sufrir; su familia, no me cabe duda, sabrá perdonarle.

Resulta extraño para mí no poder hablar con mi tío de cierto caso del despacho que me incordia o de aquella resolución judicial que no me deja dormir. Él desgraciadamente ya no está con nosotros, pero me consuelo sabiendo que para todos los que le conocimos siempre permanecerá vivo y presente en nuestros corazones.

Estas líneas pretenden ser un modesto y humilde homenaje a la persona de mi tío. Un buen abogado.

José Antonio Castaño Sánchez

Redacción

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