Andalucía energía de Europa

La entusiasta conclusión a que hemos llegado en las recientes Jornadas sobre la ordenación de la energía (celebradas en el campus de excelencia de las Universidades de Sevilla y Málaga) se resume en el título de este artículo: “Andalucía energía de Europa”. Reflexionando sobre el mismo se descubre una patente realidad que induce un programa de actuaciones creativas. Una de las dimensiones básicas de nuestra vida es la obtención de energía. El conjunto de todas las fuentes de energía integran el “mix energético” o la “cesta de generación energética” (en términos de la Ley de Economía Sostenible). Andalucía posee todas las fuentes naturales de energías renovables con la plenitud suficiente para satisfacer las necesidades de Europa y, además, ha alcanzado un alto nivel de desarrollo de la tecnología necesaria para ubicar los instrumentos de generación o captación y de distribución. Esencialmente el sol, el viento, la biomasa, el mar… En reciente encuentro con César del Campo –uno de los ingenieros investigadores andaluces más innovadores- pensaba que: “Es imprescindible un nuevo modelo de organizar la producción y el consumo, de forma sostenible que, eliminando ineficiencias del actual, permita satisfacer las necesidades básicas de la población en agua, energía y alimentos, con recursos endógenos renovables”. Y destacaba: “El mar es un medio altamente productivo capaz de proporcionar alimentos, minerales y energías renovables. Al hombre del siglo XXI le toca repetir con el MAR, lo que en el Neolítico hizo con la tierra. Pasar de ser cazador recolector a agricultor y ganadero. Para muchos analistas, este siglo será el del mar y los océanos o el de la crisis de las materias primas, el hambre, las guerras y la desolación”. Grandes maestros de la Ingeniería han creado entre nosotros un avanzado desarrollo de la producción energética (Valeriano Ruíz, José Domínguez Abascal, Ramón Velásquez, Gómez Orea, Gómez Expósito, etc.).

La Asociación de Promotores y Productores de Energías Renovables de Andalucía (APREAN), en su Observatorio (Junio 2011) constata que un total de 810 empresas, con cerca de diez mil empleos directos, se dedican al sector de las energías renovables en Andalucía. El orden de las tecnologías según los MW producidos es eólica, fotovoltaica, termosolar, biomasa eléctrica. Sin embargo, hay que analizar las posibilidades de proyectar el potencial existente a toda Europa conforme a un programa que podría contar con el fomento de la Unión Europea, abierta a una política energética común. No es necesario ir al Norte de África para delimitar una zona prioritaria. Europa tiene los recursos andaluces.

En el primer borrador que elaboramos de la Ley andaluza de fomento de energías renovables ya se incorporaba esta propuesta en los siguientes términos: “La Comunidad Autónoma de Andalucía, procurando el acuerdo con el Gobierno de la Nación estimulará los programas y proyectos cuya ejecución le sea encomendada por la Unión Europea, incluida la organización administrativa necesaria para la declaración de Andalucía como entidad piloto en Europa que, actuando como Administración de misión, coordine de forma integral el conjunto de las políticas necesarias para alcanzar los objetivos energéticos…”.

Es urgente poner en marcha tanto al sector público como al sector privado –y también al tercer sector- para llevar a Bruselas y a los Gobiernos de Alemania, Francia, y cuantos están bajo el enigma de la elección de un mix energético sostenible, la gran propuesta de “Andalucía energía de Europa”.

Otras dimensiones esenciales de la propuesta, como son la armonía de las instalaciones necesarias con el medio ambiente insertas en la ordenación del territorio, están ampliamente contempladas en el Derecho vigente en Andalucía sobre dichas materias. La ley estatal 9/2006, que traspuso la Directiva sobre la Evaluación de Impacto Ambiental Estratégico. La solidaria relación entre los Estados miembros en este proyecto contribuiría a dar cuerpo viviente a la Unión Europea, ahora tan indigente de cohesión y brío.

Sin embargo, a pesar de la clara determinación sobre el cambio en el mix energético basado en las energías renovables, la coyuntura económica presenta dificultades sobre las que hay que discernir: no todas las tecnologías y métodos productivos de esas energías están en el mismo grado de desarrollo ni de eficiencia; mientras unas son rentables otras –como la fotovoltaica- son deficitarias y necesitan subvenciones o fuertes inversiones para continuar sus programas de I+D+i. La profundidad de la crisis económica dificulta la distribución equilibrada del costo-beneficio en el camino del cambio del mix energético. La tentación de abandono –no previsto en ninguno de los Planes recientemente aprobados con el horizonte 2020- crearía una interrupción dañosa del programa hacia la liberación del sistema de producción. El gravísimo déficit de las tarifas eléctricas acumulado obliga a buscar los necesarios equilibrios, que se verán facilitados con la decisión ya anunciada de que el nuevo Gobierno aprobará la prórroga de las centrales nucleares a las que se aplique el placet técnico. Asimismo deben incluirse en los cálculos de probabilidades la instalación de nuevas centrales –aunque sean bajo los rigores impuestos por el síndrome de Fukushima, que estos días ya elaboran en Francia y Alemania-, y los cambios estructurales que deriven del predominio de la fase de distribución sobre la de producción, con la colaboración de los consumidores. Junto a estas transformaciones hay que situar la ya propuesta emergencia del ahorro energético. Es en conjunto un nuevo campo de investigación, producción e innovación en el que Andalucía podría recibir la ayuda de Bruselas como región estratégica de Europa.

Author: Alfonso Pérez Moreno

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